En los últimos años, las organizaciones han reforzado sus medidas de seguridad con firewalls, sistemas de protección del puesto de trabajo, monitorización y políticas internas. Sin embargo, contar con controles de seguridad no siempre garantiza que estos funcionen como se espera frente a un ataque real.
En este contexto, el pentesting, o prueba de penetración, se ha convertido en una práctica habitual para evaluar el nivel real de exposición de sistemas e infraestructuras, simulando ataques controlados similares a los que podría realizar un actor malicioso.






